A La Melcy.
Mientras nosotros lo teníamos escondido en el fondo de casa porque en el Nepal nos habían dicho que era peligroso mostrarlo, la vieja lo había sabido llevar todos los días a hacer las compras.
-¿Qué dice la gente?- le preguntamos.
-Al principio todos curioseaban, lo tocaban, preguntaban si muerde, qué le doy de comer, si se lo ensilla, macanas.
-¿Y vos qué dices?
-¡Nada!, me hago la de no verlo, no respondo. En el centro nadie me dice nada tampoco.
-¡Qué!, ¿lo llevas al centro también?
-Claro, pobrecito, ¿creían que lo iba a dejar solito tantas horas en la casa?
Y no hubo nada más que hablar. Nosotros creíamos que lo teníamos bien escondido, suponíamos que veníamos guardando un secreto desde la misma tarde que lo divisamos, escondido detrás de unas plantas, en el Nepal. Y la vieja lo llevaba a todas partes.
-¿Qué dice la gente?
-Que es como un peluche, pero grande.
Claro que parecía un peluche si cuando le cortamos el pelo nos dimos con que solamente el de la espalda pesaba como tres quilos.
Lo bueno es que comenzamos a salir con él nosotros también. El primero fue mi primo, que lo pidió prestado para llevarlo a un asado en el Ejército Argentino. A la vuelta dijo que se había portado muy bien, no había dado trabajo y hasta avisó cuando le dieron ganas de ir al baño.
-¿Los muchachos preguntaron?
-Vos sabes cómo son. Querían saber si era de verdad, después iban, lo examinaban un rato y al final, entre chacarera y chacarera, nadie le prestaba atención.
Después ya lo llevábamos a la plaza, a dar vueltas. Y ahí descubrimos que le encantaba el helado. Le comprábamos un quilo y medio o dos y con una cucharita de heladería, bien despacito, se lo mandaba en un ratito.
¿Cómo lo tenemos ahora? Qué quiere que le diga, nada del otro mundo. Algunas noches de verano lo sacamos a la vereda con la familia, se sienta en el suelo y vienen los changuitos del barrio a traerle golosinas, regalitos. Eso sí, las noches de luna llena grita como loco así que no le aflojamos y lo dejamos en el fondo de casa. A veces lo atamos, pero la vieja dice para qué. Y va y lo desata.
Pero, todo bien, ¿no?
Plantando bandera. En Tenené.
Música en libertad
La chacarera es igual al chamamerengue, después de oír el segundo, todos son iguales. Pero el chamamé es más divertido.
Simón de Ponferrada

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