13 de enero de 2012

Carpatia

A la Norita.

Le juro, señor Juez, que no nos imaginábamos que fuera cristiano, si prácticamente lo cazamos en el Nepal, cuando fuimos de excursión porque era más barato que pasar el verano en Carlos Paz. Además nos dijeron que era más fresco, ¿ha visto? Una tarde que andábamos en las afueras del pueblo haciendo senderismo (usted se va a reír, pero el lugar se llamaba “Ghilinggaon”), va y se nos aparece, cubierto de pelos blancos hasta los ojos. Tratábamos de sacarle una foto y se escondía, intentábamos tomarle otra y de nuevo salía disparando. Hasta que el guía nos advirtió que se ocultaba porque los turistas preferían una foto movida, borrosa: ¡a la vuelta nadie les iba a creer si mostraban a los amigos una foto con él posando sonriente!
Nosotros no sabíamos nada de él ni de la leyenda, y se nos ocurrió la idea de traerlo.
Mi primo se acordó de que tenía un paquete de semillitas de girasol como las que usted está comiendo, señor juez, y le tiró unas cuantas. Y empezó a seguirnos, parece que le gustaron mucho las semillitas.
¿Qué cómo lo trajimos? En barco. En la India, no va a creer pero es un lugar con gente tan rara, con cosas tan exóticas, que a nadie le llamaba la atención que anduviéramos con ese peludo en dos patas, al que llevábamos atado con una cadena al cuello, para que no se escapara. Después compramos un pasaje en el carguero ruso “Carpatia” y nos vinimos.
Pero qué íbamos a creer que fuera cristiano. Con decirle que llevábamos gente a casa a mostrarle que comía grillos vivos. ¿Usted ha visto a alguien que haga eso?
La única que siempre lo trató como un chico, vamos a decirlo, es la vieja, que le ponía una lata de dulce de batata llena de leche y restos de comida del almuerzo, porque si hubiera sido por nosotros le comprábamos comida de perro y se acabó.
Pero si usted lo dice, lo vamos a tratar como cristiano. ¿Qué nombre le vamos a poner? No sé, señor Juez, ya se nos va a ocurrir uno que suene bien. ¿El Abominable, le gusta? Eh, bueno, no se enoje, está bien. Se va a llamar Pedrito, ¿le gusta?
Ahora digalé a este que me saque las esposas. Gracias.
Cartoneando en carro. Por la Pellegrini.

Mansos son otra cosa
Malhaya, triste destino, los caballos de doma argentinos.
Simón de Ponferrada

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