¿Cuál es el secreto del mago, hija querida? Que nadie sepa cómo lo hace, que no se vea el rápido movimiento que soslaya con la mano que muestra, mientras todos creen que está haciendo el chanchullo con la que oculta, que un gesto provoca que le mires el ojo en vez de observar cómo manda el pase rapidísimo que engaña y miente.
Un mago es como el arco iris, de lejos es una luz maravillosa, de cerca pierde el encanto. Quien descubra el escondite de su arte, se topará con la misma ingrata sorpresa de quien destripa una gallina para saber cómo funciona la pedestre combinación de sangres, fluidos, huesos, músculos, grasa, plumas, que dan por resultado ese animal que pone huevos con o sin galladura.
Es un señor que trabaja con la ilusión de que algo que has visto que estaba aquí, ya no está más. Usa naipes, pañuelos, palomas, una varita mágica y la colaboración de la vista asombrada del público que, incrédulo, observa cómo desaparece lo que estaba en un lugar para aparecer en otro.
Se trata en suma, de un engaño doble o triple quizás. Porque él sabe que no crees en lo que ves pero te lo muestra igual y porque vos está al tanto de que tampoco debes creer lo que mandan tus sentidos, pero aún así te fascinarás ante su arte. El único trato que acepta un mago con su público es que nadie trate de adivinar cómo lo hace. ¿Por qué?, porque su capital es tu asombro, tu maravilla, tu sorpresa ya la confusión en que caes al creer que el pañuelo que acabas de ver cómo cortaba en pedacitos, un pase de magia y ¡zás!, es el mismo pañuelo de antes.
Lo mejor que te pasará en la vida es creer, hija, que el mago es mago y que su magia es magia, encantamiento, espejismo, quimera, sueño. Que para desilusiones, bastantes tendrás en la vida como para buscarla también en los momentos en que alguien dice “nada por aquí, nada por allá”.
Por eso no intentes jamás descubrir su secreto para que su misterio siempre te haga abrir la boca grande y mirarme para exclamar “¡qué bárbaro!”.
Que la magia no se vaya nunca de tu vida, hija. Que lo demás se aprende a golpes.
Enfrenando la mula. Potrero del Abuelo.
Observación acerca de la naturaleza
Qué tiene que ver un qué tiene que ver con otro qué tiene que ver. No tiene ni aca que ver.
Simón de Ponferrada

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