19 de julio de 2009

Horcones


A Elizabeth, amiga.

Cuando el Dulce sea definitivamente el Riachuelo del norte también se han de perder los turistas que todos los años dejan unos pesitos en Las Termas. Han de quedar sepultados en la abulia algunos barrios de Santiago, como el 8 de Abril, cuya realidad e historia están expeditamente ligadas a sus aguas. No habrá más challueros con un reel de lata de desodorante, tratando de apagar el hambre de la casa con un bagre salvador. Se acabarán para siempre los ripieros en sus canoas y las chicas dejarán de ir a la Gallina Turuleca a lucir sus tangas maravillosas. Y tampoco iré yo, que suelo pasear por el parque los domingos a la tarde con la patrona, mientras tomo unos mates y miro cómo pasa la gente en su día de fiesta.
Para pasar a La Banda habrá que comprar desodorante de ambiente y echarlo a los colectivos y los remises. En sus orillas vivirán los más desdichados entre los santiagueños, así como ahora en su vencidario colorido se apiñan los más alegres de esta tierra guarachera y feliz.

Quizás algún día, un Quinquela Martín santiagueño, pinte con magistrales colores la paleta de ese barro negro, fabricado con la basura de los ñañitas y el orín del Barco que nunca fuimos, que permanecerá hundido para siempre, debajo de un sueño de fango, aceite viejo de motor y bazofia tucumana.

Para ese tiempo, cuando los chicos quieran conocer un río santiagueño, quizás los llevemos a esos grandes arroyos veraniegos, el Urueña o el Horcones, porque es posible que ya ni el Salado nos quede, apresado para siempre en las fincas poroteras salteñas. Si no, tal vez estará el Albigasta como último recurso.
De última, capaz que habilitemos de nuevo la acequia de la Belgrano, a ver si siquiera ahí pescamos las últimas ilusiones de un Santiago que pasó sin despedirse, como un remolino de recuerdos de una siesta de invierno.

Calzándome las alpargatas. En la Colón.

0 Opinaciones:

Publicar un comentario en la entrada